Tu propia luz

Cuento 6

La pequeña luciérnaga siempre había pensado que era raro tener su propia luz. Su hermana la molestaba diciéndole:

—Lero, lero yo ya sé para qué sirve y tú no.

Le urgía ir a la escuela para que le explicaran para qué servía tener su propia luz.

El día llegó, pero no pasó nada. Ninguna maestra le explicó para qué servía. Y cuando preguntaba sólo le respondían: —Y tú ¿para qué crees que sirve?

Estaba convencida que era un desperdicio…

Hasta que aprendió a leer.

¡Qué maravilla! Podría esconderse debajo de sus cobijas y quedarse leyendo sin que mamá se diera cuenta.